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Noviembre : |
Misa
funeral por nuestros difuntos. |
La Reconquista ...
Los orígenes del culto
a Ntra. Sra. en Trujillo
Artículo publicado
por D. José Antonio Ramos Rubio, Doctor en Historia y cronista oficial de Trujillo.
Extremadura, región a
la que pertenece Trujillo, tiene su origen en la Edad Media. En este
largo período que nos ocupa, las unidades administrativas existentes
fueron los concejos de realengo y los señoríos. En éstos las órdenes
militares organizaron la tierra en partidos o en provincias. La
Iglesia seguía organizándose territorialmente superando a la
división territorial civil, siendo con frecuencia punto de
referencia para describir el territorio extremeño. Por otro lado, el
régimen jurídico de los municipios está contenido en los fueros y
cartas-pueblas concedidos por el rey o el señor, también cabe citar
los estatutos y las concordias. Los fueros otorgados a los concejos
castellanos y leoneses entre los siglos XI y XIII son una fuente de
gran importancia para el conocimiento de la producción agrícola,
ganadera y artesanal, actividades frecuentes en Trujillo. El modelo
de constitución municipal predominante en los municipios extremeños
era el de las «ciudades fronterizas», concejos que surgen al Sur del
Duero, organizándose esencialmente en dos células o unidades
territoriales: la villa o zona intramuros y el término.
En el siglo XII los territorios extremeños son fronterizos.
Durante cinco siglos el norte de la región será controlado de manera
inestable por tribus beréberes. Los inicios de reconquista en las
localidades que hoy día corresponden al territorio extremeño,
comienzan en los albores del siglo XII. No obstante, hasta el año
1142 no conseguirá Alfonso VII reconquistar una primera plaza:
Coria. El primer ataque cristiano a Trujillo fue obra de Geraldo
Sempavor, el que fuera alférez del rey Alfonso I, rey de Portugal,
que aprovechando la debilidad del ejército musulmán logró conquistar
la citada villa en el año 1165. Las órdenes militares eran las más
apropiadas para dominar estos territorios despoblados y de
frecuentes ataques árabes. Con motivo de un gran ataque acaecido en
el año 1174, todos los territorios al sur del Tajo cayeron de nuevo
en manos de los musulmanes, a excepción de los territorios que
pertenecían a Fernando Rodríguez de Castro. Pero a su muerte, heredó
el dominio sobre los territorios su hijo, Pedro Fernández, que
reconoció al rey Alfonso VIII de Castilla. Trujillo se preparó para
un nuevo ataque musulmán. Se tomaron varias medidas, la construcción
de una extensa muralla que bordeara el conjunto poblacional, así
como la edificación de alcázares en los extremos y puertas de acceso
a la misma; y la fundación de un convento para la Orden del Pereiro
–después Alcántara– en el que vivieron los freyles bajo la dirección
de D. Gómez, maestre del Pereiro. También se fundó una nueva ciudad
a orillas del río Jerte que ayudaría a poblar esta frontera, ya que
Trujillo distaba 138 Km de Talavera y 229 de Ávila, los dos alfoces
que lindaban con el suyo, incapaces de poblarlos en poco tiempo. Así
surgió la ciudad de Plasencia. También sería de gran ayuda la unión
de las órdenes militares –Alcántara, Santiago y Temple– para la
defensa de los territorios. El rey Alfonso VIII entregó a la Orden
de Santiago en Trujillo, la mitad de los diezmos y tercias de la
población y los términos que se poblasen desde el Guadiana hasta el
Tajo.
En el año 1196, Trujillo sufrió un nuevo ataque, cayendo en
manos almohades la fortaleza y el territorio, que hasta entonces
había estado bajo el poder de la Orden de Trujillo. Esta, que nunca
tuvo aprobación pontificia, desapareció de esta villa. Sus freyles
pasaron al convento del Pereiro. Para unos autores fue una orden
distinta a la de Alcántara, aunque luego pasó a formar parte de
ella, y para otros la Orden del Pereiro y la de Trujillo fue siempre
la misma. Un nuevo avance cristiano surge tras la batalla de las
Navas de Tolosa, en 1212. La unión entre castellanos y leoneses
ayudó para que el rey Alfonso IX conquistara Alcántara en 1217 y
Cáceres en 1229, y en 1230 las poblaciones de Montánchez, Badajoz y
Mérida. Pero, la conquista definitiva de Trujillo tuvo lugar en
tiempos del rey Fernando III, el 25 de enero de 1232, participando
en la misma las órdenes militares de Alcántara, Santiago y el
Temple. Según la tradición, transmitida de generación en generación,
la puerta por la que entraron las tropas en la toma de Trujillo
recibió el nombre de Arco del Triunfo, en conmemoración al
acontecimiento. Junto a las tropas de las órdenes militares,
destacaron caballeros de tres linajes que serían decisivos en la
posterior administración municipal de Trujillo: Altamiranos,
Bejaranos y Añasco. Entre los primeros destacó Fernán Ruiz de
Altamirano, que logró abrir la Puerta del Triunfo para facilitar así
la entrada a los ejércitos. Encima de la puerta se pusieron los
escudos de dichos linajes y en una hornacina, una imagen de Ntra.
Sra. de la Victoria abogada de la conquista. Pues, según una
venerable leyenda, la Virgen intercedió para que el ejército
cristiano venciese en la toma de Trujillo contra los infieles. Esta
leyenda motivó el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de
la Victoria sobre las murallas, en medio de dos torreones. El rey
Fernando III concedió al Obispo de Plasencia diez yugadas en el
término de Trujillo en atención a los servicios prestados en la toma
de la villa. Tras la reconquista aparecen en la villa las primeras
fábricas religiosas cristianas, como es el caso de la iglesia
parroquial de Santa María la Mayor, ubicada sobre el solar de una
mezquita árabe, la cual sería el centro del nodo urbano más
importante de la ciudad intramuros.
Al desaparecer el peligro musulmán y con el enriquecimiento de los
patrimonios solariegos, la población comienza a abandonar la zona
intramuros y rebasa la cerca de murallas, levantando edificios
entorno al lugar de celebración del mercado de ganados o agrario en
el arrabal en que se vendían los excedentes de los dominios y a los
que acudían buhoneros y artesanos que acabaron por establecerse allí
de forma permanente, a estos núcleos se los denominó burgos. El
centro cívico medieval, sito en la villa intramuros, pasará a la
«ciudad nueva», configurándose así la Plaza Mayor.
La expansión
demográfica es importante para los intereses políticos y militares
de los reyes, que sólo podían prosperar mediante un adecuado poblamiento de las regiones conquistadas. De esta manera, se afirman
algunas ciudades como Plasencia, Cáceres y Trujillo. La mayor parte
de los pueblos de la diócesis placentina estaban muy vinculados
desde el punto de vista económico, político y administrativo a una
ciudad principal: Trujillo, Plasencia, etc., que dictaba unas
ordenanzas observables en todas las aldeas de su término. El
corregidor visita los lugares y efectúa los mandatos que obligan
bajo pena a los aldeanos. A finales de la Baja Edad Media se
observará una mayor autonomía. Los municipios comienzan a establecer
sus propias ordenanzas, aunque serán aprobadas en esas ciudades
principales. Es importante el estudio de las características de las
imágenes medievales e intentar localizar su época, pero también
resulta interesante conocer las sutiles transformaciones que han
sufrido a lo largo de la historia, así como las vicisitudes por las
que han pasado desde las numerosas leyendas de tipo simbólico que se
les han atribuido hasta los festejos que en honor a ellas se
celebran en nuestros días. En aquella época de inquebrantable fe y
de elemental cultura popular, de efervescentes pasiones juveniles y
de costumbres semibárbaras, no es de maravillar que tropecemos con
los más fuertes contrastes en la vida moral, los actos más heroicos
de abnegación, de penitencia, de humildad, de desprendimiento
evangélico, con la codicia insaciabIe de bienes mundanos, la
rapacidad más brutal, la ambición, el egoísmo; la pureza angélica,
la virginidad, el espiritualismo más noble, con los instintos más
desenfrenados, el adulterio y el concubinato casi sin escrúpulos; la
misericordia, la caridad y el amor al prójimo, con la crueldad, la
extorsión y la usura; la piedad más ejemplar, con la más grosera
superstición.
El comentario de San
Bernardo al Cantar de los Cantares sobre el amor místico casi
coincide con las más apasionadas y sensuales novelas caballerescas,
en que se exalta el amor libre pecaminoso y adúltero, como en Tristán e Isolda. Siempre hubo delitos e inmoralidades en el mundo,
y es fácil trazar cuadros de subido color presentando las costumbres
de la época, buena muestra de ello lo encontramos en la sillería
coral de la Catedral de Plasencia. Para explicar de algún modo
este sentido sombrío de las obras artísticas de la época, hemos de
tener en cuenta que en la masa del pueblo y en aquellos
eclesiásticos que no cursaban estudios, reinaba la mayor ignorancia,
y en las sombras de ésta se incuban fácilmente los vicios más
envilecedores.
Anotemos, además, que
el hombre medieval vive en continuo estado de guerra. Siempre
alerta contra las incursiones de los enemigos en las luchas civiles
y siempre soñando en fantásticas matanzas de infieles bajo los
cielos de Oriente.
Continuará ....
Historia de la imagen de
Ntra. Señora de la Victoria ...
Los orígenes del culto
a Ntra. Sra. en Trujillo
Artículo publicado
por D. José Antonio Ramos Rubio, Doctor en Historia y cronista oficial de Trujillo.
Nuestra ciudad es uno de
los solares de más valiosa y sugerente riqueza
monumental; vibran en sus viejas callejuelas, como en
parte alguna, las voces elocuentes de una casta
señorial, aventurera, luchadora y mística. Estas
callejas fueron testigos mudos, en los años oscuros del
Medioevo, de una empresa militar y mítica que fue la
base de nuestra historia mariana, del tesoro artístico,
histórico y religioso más importante que conserva
nuestra Ciudad, y que se corona como su columna
vertebral, su Patrona: la Virgen de la Victoria.
La participación de unos
guerreros en la batalla contra los árabes y su creencia
en Ntra. Sra. como su salvadora fue crucial para poder
comprender la historia y la tradición de una ciudad que
a lo largo de los años fue la más importante de
Extremadura y sus hombres cumplieron una meta
encomendada allende de los mares, convirtiéndose
Trujillo en «Ciudad Universal».
El culto a la Virgen con
el Niño se inició en la parroquia de Santa María, bajo
la advocación del Misterio de la Asunción. Fue la imagen
de mayor devoción en Trujillo, hasta el año 1531, fecha
en la cual el concejo acordó construir una capilla en el
castillo para venerar en ella a la imagen que ejecutara
Diego Durán, de vara y dos tercios, bien dorada y
lucida, adornos que estuvieron a cargo de Antón Torino y
Juan Notario. Esta imagen sería la Patrona de Trujillo,
la Virgen de la Victoria, estando colocada entre las
torres del castillo en el escudo de Trujillo. El hecho
de situar a la imagen de esta manera responde con la
tradición que afirma la intervención milagrosa de la
Virgen en la conquista de la villa, pues se apareció
entre dos torres concediendo la victoria a las tropas
cristianas.
Es una imagen de gran
belleza, que muestra a la Virgen en pie, con el Niño
desnudo en su izquierda; tratada con formas blandas,
constituye un buen ejemplar de arte renacentista.
En 1809, con motivo de la
entrada de las tropas francesas en Trujillo, D. Agustín
Serrano, criado del Marqués de la Conquista, escondió la
sagrada imagen en el Palacio de la Conquista. En 1854
fue devuelta la imagen de la Patrona a la fortaleza. En
la festividad del año 1912, se inauguró la nueva capilla
del castillo, la obra fue costeada por el Excmo. Sr.
Marqués de Albayda. Coincidiendo con este hecho se quitó
la policromía a la imagen de la Patrona.
En 1921 fue fundada la
Cofradía de Mujeres del Stmo. Cristo de la Salud y de la
Stma. Virgen de la Victoria, que será el germen de la
futura Hermandad «Virgen de la Victoria».
El día 8 de marzo de
1944, se firmaban los estatutos para el régimen y
administración de la Hermandad de Caballeros de la Stma.
Virgen de la Victoria de Trujillo. La comisión la
formaron don Rafael García López, don Pedro Lozano Degea,
don Manuel Gómez-Santana Diz, don Valentín Pérez
Palomino, don José María Muñoz Martín, don Galo de Santa
Eduvigis Rubio, don Sebastián Flores Tapia, don Damián
Rubio Toribio, don Mariano Montero Cabanillas y don
Agustín Grande Candelo. También colaboró mucho el
entonces Alcalde don Julián García de Guadiana.
En 1950 se realizaron
nuevas ampliaciones en la ermita del castillo. Mientras
tanto la imagen de la Patrona fue venerada en la Iglesia
de Santiago. El 18 de octubre de 1953, el Nuncio de
S.S. en España, el Eminentísimo Cardenal Cicognani
colocó sobre las sienes de nuestra Patrona la corona
labrada por D. Félix Granda en Madrid, realizada con el
dinero y las joyas de todo un pueblo.
Finalmente, y tras una
asamblea general de socios el 28 de Febrero de 1971, la
Hermandad de Caballeros de la Stma. Virgen de la
Victoria de Trujillo decidió incorporar a las mujeres,
siendo la primera mujer de esta Hermandad Doña María
Lourdes De Tapia García, según consta en nuestros
registros.
La ciudad de Trujillo ha
profesado a lo largo de los años una entrañable devoción
a la Stma. Virgen, concretada en la advocación e imagen
de Ntra. Sra. de la Victoria, en cuyos orígenes se
entremezclan la historia y la leyenda. Cada trujillano
llevamos grabado desde niños en la retina del corazón la
imagen maternal de nuestra Patrona. Recordar es volver
a pasar por el corazón algo acontecido previamente para
recrear gratitudes y reavivar amores, por eso conviene,
todos los años, llenar nuestra Plaza y agitar los
pañuelos cuando la imagen de la Patrona retorna a su
morada berroqueña una vez que todo Trujillo la despide
con el Himno «Salve».
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