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Reseñas varias ...

 


Principales Celebraciones de esta Hermandad ...

 

Enero :  Aparición de la Santísima Virgen.
Marzo :  Asamblea General Ordinaria Anual.
Mayo :   Tradicional Ofrenda Floral.
Septiembre :   Fiestas Patronales.
Noviembre :  Misa funeral por nuestros difuntos.

 


La Reconquista ...
Los orígenes del culto a Ntra. Sra. en Trujillo

Artículo publicado por D. José Antonio Ramos Rubio, Doctor en Historia y cronista oficial de Trujillo.

 

Extremadura, región a la que pertenece Trujillo, tiene su origen en la Edad Media. En este largo período que nos ocupa, las unidades administrativas existentes fueron los concejos de realengo y los señoríos. En éstos las órdenes militares organizaron la tierra en partidos o en provincias. La Iglesia seguía organizándose territorialmente superando a la división territorial civil, siendo con frecuencia punto de referencia para describir el territorio extremeño. Por otro lado, el régimen jurídico de los municipios está contenido en los fueros y cartas-pueblas concedidos por el rey o el señor, también cabe citar los estatutos y las concordias. Los fueros otorgados a los concejos castellanos y leoneses entre los siglos XI y XIII son una fuente de gran importancia para el conocimiento de la producción agrícola, ganadera y artesanal, actividades frecuentes en Trujillo. El modelo de constitución municipal predominante en los municipios extremeños era el de las «ciudades fronterizas», concejos que surgen al Sur del Duero, organizándose esencialmente en dos células o unidades territoriales: la villa o zona intramuros y el término.


En el siglo XII los territorios extremeños son fronterizos. Durante cinco siglos el norte de la región será controlado de manera inestable por tribus beréberes. Los inicios de reconquista en las localidades que hoy día corresponden al territorio extremeño, comienzan en los albores del siglo XII. No obstante, hasta el año 1142 no conseguirá Alfonso VII reconquistar una primera plaza: Coria. El primer ataque cristiano a Trujillo fue obra de Geraldo Sempavor, el que fuera alférez del rey Alfonso I, rey de Portugal, que aprovechando la debilidad del ejército musulmán logró conquistar la citada villa en el año 1165. Las órdenes militares eran las más apropiadas para dominar estos territorios despoblados y de frecuentes ataques árabes. Con motivo de un gran ataque acaecido en el año 1174, todos los territorios al sur del Tajo cayeron de nuevo en manos de los musulmanes, a excepción de los territorios que pertenecían a Fernando Rodríguez de Castro. Pero a su muerte, heredó el dominio sobre los territorios su hijo, Pedro Fernández, que reconoció al rey Alfonso VIII de Castilla. Trujillo se preparó para un nuevo ataque musulmán. Se tomaron varias medidas, la construcción de una extensa muralla que bordeara el conjunto poblacional, así como la edificación de alcázares en los extremos y puertas de acceso a la misma; y la fundación de un convento para la Orden del Pereiro –después Alcántara– en el que vivieron los freyles bajo la dirección de D. Gómez, maestre del Pereiro. También se fundó una nueva ciudad a orillas del río Jerte que ayudaría a poblar esta frontera, ya que Trujillo distaba 138 Km de Talavera y 229 de Ávila, los dos alfoces que lindaban con el suyo, incapaces de poblarlos en poco tiempo. Así surgió la ciudad de Plasencia. También sería de gran ayuda la unión de las órdenes militares –Alcántara, Santiago y Temple– para la defensa de los territorios. El rey Alfonso VIII entregó a la Orden de Santiago en Trujillo, la mitad de los diezmos y tercias de la población y los términos que se poblasen desde el Guadiana hasta el Tajo.


En el año 1196, Trujillo sufrió un nuevo ataque, cayendo en manos almohades la fortaleza y el territorio, que hasta entonces había estado bajo el poder de la Orden de Trujillo. Esta, que nunca tuvo aprobación pontificia, desapareció de esta villa. Sus freyles pasaron al convento del Pereiro. Para unos autores fue una orden distinta a la de Alcántara, aunque luego pasó a formar parte de ella, y para otros la Orden del Pereiro y la de Trujillo fue siempre la misma. Un nuevo avance cristiano surge tras la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212. La unión entre castellanos y leoneses ayudó para que el rey Alfonso IX conquistara Alcántara en 1217 y Cáceres en 1229, y en 1230 las poblaciones de Montánchez, Badajoz y Mérida. Pero, la conquista definitiva de Trujillo tuvo lugar en tiempos del rey Fernando III, el 25 de enero de 1232, participando en la misma las órdenes militares de Alcántara, Santiago y el Temple. Según la tradición, transmitida de generación en generación, la puerta por la que entraron las tropas en la toma de Trujillo recibió el nombre de Arco del Triunfo, en conmemoración al acontecimiento. Junto a las tropas de las órdenes militares, destacaron caballeros de tres linajes que serían decisivos en la posterior administración municipal de Trujillo: Altamiranos, Bejaranos y Añasco. Entre los primeros destacó Fernán Ruiz de Altamirano, que logró abrir la Puerta del Triunfo para facilitar así la entrada a los ejércitos. Encima de la puerta se pusieron los escudos de dichos linajes y en una hornacina, una imagen de Ntra. Sra. de la Victoria abogada de la conquista. Pues, según una venerable leyenda, la Virgen intercedió para que el ejército cristiano venciese en la toma de Trujillo contra los infieles. Esta leyenda motivó el escudo de Trujillo que representa a la Virgen de la Victoria sobre las murallas, en medio de dos torreones. El rey Fernando III concedió al Obispo de Plasencia diez yugadas en el término de Trujillo en atención a los servicios prestados en la toma de la villa. Tras la reconquista aparecen en la villa las primeras fábricas religiosas cristianas, como es el caso de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, ubicada sobre el solar de una mezquita árabe, la cual sería el centro del nodo urbano más importante de la ciudad intramuros.


Al desaparecer el peligro musulmán y con el enriquecimiento de los patrimonios solariegos, la población comienza a abandonar la zona intramuros y rebasa la cerca de murallas, levantando edificios entorno al lugar de celebración del mercado de ganados o agrario en el arrabal en que se vendían los excedentes de los dominios y a los que acudían buhoneros y artesanos que acabaron por establecerse allí de forma permanente, a estos núcleos se los denominó burgos. El centro cívico medieval, sito en la villa intramuros, pasará a la «ciudad nueva», configurándose así la Plaza Mayor.

 

La expansión demográfica es importante para los intereses políticos y militares de los reyes, que sólo podían prosperar mediante un adecuado poblamiento de las regiones conquistadas. De esta manera, se afirman algunas ciudades como Plasencia, Cáceres y Trujillo. La mayor parte de los pueblos de la diócesis placentina estaban muy vinculados desde el punto de vista económico, político y administrativo a una ciudad principal: Trujillo, Plasencia, etc., que dictaba unas ordenanzas observables en todas las aldeas de su término. El corregidor visita los lugares y efectúa los mandatos que obligan bajo pena a los aldeanos. A finales de la Baja Edad Media se observará una mayor autonomía. Los municipios comienzan a establecer sus propias ordenanzas, aunque serán aprobadas en esas ciudades principales. Es importante el estudio de las características de las imágenes medievales e intentar localizar su época, pero también resulta interesante conocer las sutiles transformaciones que han sufrido a lo largo de la historia, así como las vicisitudes por las que han pasado desde las numerosas leyendas de tipo simbólico que se les han atribuido hasta los festejos que en honor a ellas se celebran en nuestros días. En aquella época de inquebrantable fe y de elemental cultura popular, de efervescentes pasiones juveniles y de costumbres semibárbaras, no es de maravillar que tropecemos con los más fuertes contrastes en la vida moral, los actos más heroicos de abnegación, de penitencia, de humildad, de desprendimiento evangélico, con la codicia insaciabIe de bienes mundanos, la rapacidad más brutal, la ambición, el egoísmo; la pureza angélica, la virginidad, el espiritualismo más noble, con los instintos más desenfrenados, el adulterio y el concubinato casi sin escrúpulos; la misericordia, la caridad y el amor al prójimo, con la crueldad, la extorsión y la usura; la piedad más ejemplar, con la más grosera superstición.

 

El comentario de San Bernardo al Cantar de los Cantares sobre el amor místico casi coincide con las más apasionadas y sensuales novelas caballerescas, en que se exalta el amor libre pecaminoso y adúltero, como en Tristán e Isolda. Siempre hubo delitos e inmoralidades en el mundo, y es fácil trazar cuadros de subido color presentando las costumbres de la época, buena muestra de ello lo encontramos en la sillería coral de la Catedral de Plasencia.  Para explicar de algún modo este sentido sombrío de las obras artísticas de la época, hemos de tener en cuenta que en la masa del pueblo y en aquellos eclesiásticos que no cursaban estudios, reinaba la mayor ignorancia, y en las sombras de ésta se incuban fácilmente los vicios más envilecedores.

 

Anotemos, además, que el hombre medieval vive en continuo estado de guerra.  Siempre alerta contra las incursiones de los enemigos en las luchas civiles y siempre soñando en fantásticas matanzas de infieles bajo los cielos de Oriente.

 

Continuará ....


Historia de la imagen de Ntra. Señora de la Victoria ...
Los orígenes del culto a Ntra. Sra. en Trujillo

Artículo publicado por D. José Antonio Ramos Rubio, Doctor en Historia y cronista oficial de Trujillo.

 

Nuestra ciudad es uno de los solares de más valiosa y sugerente riqueza monumental; vibran en sus viejas callejuelas, como en parte alguna, las voces elocuentes de una casta señorial, aventurera, luchadora y mística. Estas callejas fueron testigos mudos, en los años oscuros del Medioevo, de una empresa militar y mítica que fue la base de nuestra historia mariana, del tesoro artístico, histórico y religioso más importante que conserva nuestra Ciudad, y que se corona como su columna vertebral, su Patrona: la Virgen de la Victoria.

 

La participación de unos guerreros en la batalla contra los árabes y su creencia en Ntra. Sra. como su salvadora fue crucial para poder comprender la historia y la tradición de una ciudad que a lo largo de los años fue la más importante de Extremadura y sus hombres cumplieron una meta encomendada allende de los mares, convirtiéndose Trujillo en «Ciudad Universal».

 

El culto a la Virgen con el Niño se inició en la parroquia de Santa María, bajo la advocación del Misterio de la Asunción. Fue la imagen de mayor devoción en Trujillo, hasta el año 1531, fecha en la cual el concejo acordó construir una capilla en el castillo para venerar en ella a la imagen que ejecutara Diego Durán, de vara y dos tercios, bien dorada y lucida, adornos que estuvieron a cargo de Antón Torino y Juan Notario. Esta imagen sería la Patrona de Trujillo, la Virgen de la Victoria, estando colocada entre las torres del castillo en el escudo de Trujillo. El hecho de situar a la imagen de esta manera responde con la tradición que afirma la intervención milagrosa de la Virgen en la conquista de la villa, pues se apareció entre dos torres concediendo la victoria a las tropas cristianas.

 

Es una imagen de gran belleza, que muestra a la Virgen en pie, con el Niño desnudo en su izquierda; tratada con formas blandas, constituye un buen ejemplar de arte renacentista.

 

En 1809, con motivo de la entrada de las tropas francesas en Trujillo, D. Agustín Serrano, criado del Marqués de la Conquista, escondió la sagrada imagen en el Palacio de la Conquista. En 1854 fue devuelta la imagen de la Patrona a la fortaleza. En la festividad del año 1912, se inauguró la nueva capilla del castillo, la obra fue costeada por el Excmo. Sr. Marqués de Albayda. Coincidiendo con este hecho se quitó la policromía a la imagen de la Patrona.

 

En 1921 fue fundada la Cofradía de Mujeres del Stmo. Cristo de la Salud y de la Stma. Virgen de la Victoria, que será el germen de la futura Hermandad «Virgen de la Victoria».

 

El día 8 de marzo de 1944, se firmaban los estatutos para el régimen y administración de la Hermandad de Caballeros de la Stma. Virgen de la Victoria de Trujillo. La comisión la formaron don Rafael García López, don Pedro Lozano Degea, don Manuel Gómez-Santana Diz, don Valentín Pérez Palomino, don José María Muñoz Martín, don Galo de Santa Eduvigis Rubio, don Sebastián Flores Tapia, don Damián Rubio Toribio, don Mariano Montero Cabanillas y don Agustín Grande Candelo. También colaboró mucho el entonces Alcalde don Julián García de Guadiana.

 

En 1950 se realizaron nuevas ampliaciones en la ermita del castillo. Mientras tanto la imagen de la Patrona fue venerada en la Iglesia de Santiago.  El 18 de octubre de 1953, el Nuncio de S.S. en España, el Eminentísimo Cardenal Cicognani colocó sobre las sienes de nuestra Patrona la corona labrada por D. Félix Granda en Madrid, realizada con el dinero y las joyas de todo un pueblo.

 

Finalmente, y tras una asamblea general de socios el 28 de Febrero de 1971, la Hermandad de Caballeros de la Stma. Virgen de la Victoria de Trujillo decidió incorporar a las mujeres, siendo la primera mujer de esta Hermandad Doña María Lourdes De Tapia García, según consta en nuestros registros.

 

La ciudad de Trujillo ha profesado a lo largo de los años una entrañable devoción a la Stma. Virgen, concretada en la advocación e imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, en cuyos orígenes se entremezclan la historia y la leyenda. Cada trujillano llevamos grabado desde niños en la retina del corazón la imagen maternal de nuestra Patrona.  Recordar es volver a pasar por el corazón algo acontecido previamente para recrear gratitudes y reavivar amores, por eso conviene, todos los años, llenar nuestra Plaza y agitar los pañuelos cuando la imagen de la Patrona retorna a su morada berroqueña una vez que todo Trujillo la despide con el Himno «Salve».