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HOMENAJE A NUESTRA PATRONA

ENERO DE 2006 - ARCO DEL TRIUNFO

Autor: Alberto San Millán M.

 

Dios te salve Reina y Madre, SANTÍSIMA VIRGEN DE LA VICTORIA.

Vida y dulzura, esperanza nuestra.

 

            Trujillo quiere recordar, un año más, tu presencia y la cálida mirada que ese 25 de Enero pusiste sobre nosotros, en este mismo lugar. Según cuentan nuestros cronistas e historiadores, en los años oscuros del medioevo esta bella ciudad fue invadida por los árabes.  Corría el 714. Más tarde, en el año 881, Alfonso III intentó liberarla del poder musulmán, sin lograr éxito alguno. También intentaron dicha empresa otros personajes célebres, como Fernando II de León, y Alfonso VIII de Castilla. El enclave tenía una situación geográfica que dificultaba sobremanera su asalto.  No fue, sino, hasta el año de 1232, en que tras varios intentos frustrados, duras luchas y ataques por parte de los cristianos, y estando la ciudad completamente sitiada; estas callejas fueron testigos mudos de una empresa militar y mítica que dio base a toda nuestra historia Mariana.  Se trataba de atacar la ciudad, todos a un tiempo, por una de las puertas del recinto amurallado. Y así fue, como en el fragor de la batalla, «un vivo resplandor sobre la muralla, alentó sobrenaturalmente a los soldados en su lucha; y todos conocieron a la celestial Señora que confortaba a sus hijos».  La Divina Madre les dio la Victoria a aquellos cristianos al depositar en ellos la confianza y el valor que necesitaban.  Tropas y fieles, presididos por el Señor Obispo, la aclamaron, en ese momento con el título de: “La Virgen de la Victoria”; y la adoptaron como Patrona y Abogada de Trujillo. Desde entonces se trata del tesoro artístico, histórico y religioso más importante que conserva nuestra Ciudad.

 

EA pues señora, SANTÍSIMA VIRGEN DE LA VICTORIA, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.  Y después de este destierro, muéstranos a Jesús.

 

  Pues bien, en este mismo lugar, hoy, una vez más, estamos tus hijos reunidos; trujillanos de nacimiento … y trujillanos de corazón … con el simple propósito, de ACLAMARTE.  Trujillo, en estas callejas, quiere decirte que hemos venido ante ti con diferentes  ideologías y desde diferentes regiones geográficas.  Que lo que nos une es el fervor y el cariño que sentimos por nuestra madre.  Por eso, todos aquí, te aclamamos, Celestial Señora, y te damos gracias por unir nuestros caminos, y te pedimos que sigas velando por todos nosotros y por nuestras familias, para que la Victoria que otorgaste a tus hijos hace tantos años, la sigas concediendo en las labores sencillas y la lucha diaria. La lucha contra uno mismo es la lucha más grande que tiene que soportar el ser humano, por eso es precisamente, en la que necesitamos más tu apoyo.

 

Madre de la Iglesia: queremos pedirte que intercedas por todos aquellos que nos han dejado a lo largo de este año; amigos y familiares, (de manera especial queremos encomendarte a nuestra compañera Guadalupe Carrasco).  Y por supuesto, amadísima Virgen de la Victoria, queremos pedirte por los enfermos, y demás personas que hoy no han podido acompañarnos en este acto. Para que Jesús, fruto bendito de tu vientre, los acoja, a todos, en su reino.

 

            Finalmente, terminamos este clamor de la misma forma que finaliza la oración que nuestros padres nos han enseñado …

 

Oh, clementísima, Oh piadosa, Oh dulce Virgen de la Victoria.

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.  Para que seamos dignos de alcanzar las promesas y misericordias de Nuestro Señor Jesucristo.

 

Amén.